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"Más que palabras. Esther Esteban Ya se que mi profesión, la nuestra, es insolidaria e individualista. Ya sé que aquí, en contra de lo que se piensa, no hay corporativismo que valga y el que más el que menos sobrevive, como puede, cuando vienen mal dadas. Ya sé que eso del cuarto poder es la bandera que enarbolan quienes menos creen en ella, esos que a menudo optan por matar al mensajero como fórmula para escurrir el bulto de sus errores políticos, económicos o sociales. Sin embargo estos días, a raíz del conflicto de ANTENA 3 algo está cambiando. Para no romper una norma autoimpuesta, desde hace años de no mezclar lo personal con lo profesional, no hablaré de esa empresa en la que he tenido el honor de trabajar durante siete años hasta hace poco más de un mes, cuando se me anunció que mis servicios ya no eran necesarios. Sí quiero hablar de sus trabajadores, de esos magníficos compañeros, periodistas como la copa de un pino, que anteayer salieron manos arriba cuando la policía procedió en un hecho indignante e insólito a su desalojo. Si la memoria no me falla es la primera vez en democracia que las Fuerzas de Seguridad del Estado proceden con esa exagerada e inexplicable contundencia en un medio de comunicación. La única excepción -conocida hasta ahora- era el cierre de los periódicos etarras y en esos casos han entrado con una orden judicial y han sido extremadamente cuidadosos en el cumplimiento de la ley. Los trabajadores de ANTENA 3 no llevaban capuchas, iban a cara descubierta. No emplearon en ningún momento la violencia -su única arma era la voz y la palabra- y no pusieron en riesgo la integridad de los directivos ni destrozaron del inmueble. Se limitaron a encerrarse y reivindicar el mantenimiento de su puesto de trabajo. Ese fue su único "pecado". No sé de quién partió la idea del desalojo, quien autorizó al delegado del Gobierno que enviara al recinto nada menos que veinticinco coches policiales, quién consintió que se diera a estos periodistas un trato de delincuentes y quién les quiere negar su legítimo derecho a realizar movilizaciones y encierros en defensa de su futuro y el de su familia, pero sea quien sea deberá dar explicaciones por lo ocurrido y asumir sus responsabilidades. La imagen de estos compañeros por los suelos vale más que mil palabras. Es el ejemplo crudo de donde algunos quieren situar a nuestra profesión y eso ni lo podemos, ni lo debemos ni lo vamos consentir. No se trata de hacer corporativismo barato, se trata de no tolerar abusos, presiones e indignidades. Somos periodistas y no queremos ni influencia ni poder, queremos seguir siendo periodistas ¡nada más pero nada menos que periodistas! |
Publicado en Octubre de 2003