Los dividendos de la Paz

Fernando Redondo Benito
Presidente del Centro UNESCO Castilla-La Mancha

¿Quién no conoce el célebre consejo que encierra el antiguo refrán: "Si quieres la paz, prepara la guerra"? Pues bien, debemos tachar de falsa esta forma ya ilusoria de sabiduría. Es imposible aceptar a ciegas el argumento según el cual el gasto militar está justificado porque permite incrementar la seguridad de las poblaciones en el interior de un territorio. En los países en desarrollo, los riesgos de muerte debidos a carencias de política social (desnutrición) son, según un informe de las Naciones Unidades, 33 veces superiores a los riesgos de morir en una guerra de agresión desencadenada por un país extranjero. Según el mismo informe, los países en desarrollo cuentan en promedio con 20 soldados por un médico, y muchas veces estos soldados se vuelven contra la población. Cada vez más, los conflictos se asemejan a guerras civiles, en las que están implicados, siguiendo lógicas partidarias o incluso étnicas, los ejércitos regulares, y que desembocan en masacres, o incluso en genocidios. Hay que decir, pues, en voz bien alta: "SI QUIERES LA PAZ, PREPARA LA PAZ", uniendo nuestra voz a Federico Mayor Zaragoza (Ex-Director General de la UNESCO).

La baza fundamental, para asegurar una paz sostenible, es la misión central del mandato de la UNESCO: la educación. Añadamos también otro elemento: la cultura. Pero no se trata de cualquier educación, ni de cualquier cultura. Como observó León Blum en la Conferencia de Londres en la que se fundó la UNESCO, es la educación resueltamente orientada a la paz la que debe estar en el centro de nuestra acción. Lo que importa es que se instaure una cultura de paz, una cultura de la no violencia. La tarea de promoción de una cultura de paz es, por tanto, esencial. No habrá paz duradera si no se establece duraderamente en los espíritus y los corazones.

Los dividendos de la paz son, a fin de cuentas, el propio desarrollo y la libertad consiguiente: de ahí que sea necesario que los países más desfavorecidos se aseguren un porvenir mejor dejando de invertir en la guerra y apostando por la inteligencia y el bienestar de sus ciudadanos, educándolos, cuidándolos y ofreciéndoles la oportunidad de acceder a unas condiciones de vida mejores.

Desde luego, la paz tiene un precio: pero este precio es también el desarrollo. Es el de la prosperidad material y moral de la humanidad. Hace falta una seguridad democrática, una seguridad eficaz, tanto interior como exterior. Hemos de invertir, no en armamento, sino para lograr que los hombres y las mujeres estén en condiciones de dialogar, de comprender y de comprenderse mutuamente, y de contribuir a un desarrollo sostenible. No podemos contentarnos con las grandes alianzas internacionales extremadamente costosas cuando al mismo tiempo los ciudadanos sufren la inseguridad en las calles y los barrios.

De hecho, se trata de consolidar un nuevo enfoque de la seguridad que tenga en cuenta las raíces de los conflictos y el conjunto de las amenazas no militares que se ciernen sobre la paz. El mundo es global e interactivo. La seguridad a escala planetaria no puede asegurarse si se perpetúan las desigualdades insoportables, las situaciones escandalosas de impunidad o el uso de la violencia. La conciencia de la interdependencia y de la mundialidad es esencial. La UNESCO tiene un importante papel que desempeñar para difundir los valores de la democracia, de la paz y de la tolerancia, para promover una cultura de la no violencia, para estimular a cada país en el siglo XXI que apuesten por la educación y la formación de sus jóvenes.

Ha llegado el momento, en efecto, de cumplir, a fuerza de buena voluntad y en los hechos, la ancestral profecía: "Batid las espadas y transformadlas en arados, batid las lanzas y transformadlas en podaderas. La naciones deben dejar de levantar el sable contra las naciones. Las naciones deben desaprender a hacer la guerra".

GUERRA NO, PAZ YA


Publicado en Febrero de 2003